miércoles, 24 de junio de 2015

Pantallas humanas

En estos días de lo que más se habla es de las relaciones Dominico-Haitianas. Yo no quería hablar del tema, sin embargo, no me sentiría a gusto conmigo misma si no dijera nada al respecto, así que me puse a escribir, desde mi perspectiva.

Viendo la gran ola de críticas negativas y las presiones que ha recibido la República Dominicana por la comunidad internacional tras iniciar deportaciones de inmigrantes ilegales, me he empezado a preguntar, ¿será que en verdad la República Dominicana está haciendo mal con el proceso de regularización? ¿en verdad estamos siendo racistas y discriminatorios?. Considero que para responder a esta pregunta, debería haber ejemplos concretos de cómo manejar de buena manera a los inmigrantes ilegales, empezando por los países que se han dado la tarea de criticar a la República Dominicana por hacer cumplir su ley migratoria. Debería existir ese país en el mundo que no sacara a ilegales de su tierra, que les diera la nacionalidad a todo el que pisara su territorio y recibiera con brazos abiertos a quien desee emigrar buscando un mejor futuro, y que encima de eso, sea un país desarrollado y rico. Mientras tanto, se debería respetar los procedimientos que cada país tiene para manejar a los inmigrantes, velando solamente por que no se violen los derechos o la dignidad de esas personas, por la movilización pacífica de las mismas, y por el desarrollo de sus países de origen, cosa por la que actualmente no velan los organismos internacionales que hoy nos juzgan.

Por otra parte, pienso que los ciudadanos de todo el mundo deberíamos, en vez de presionar y colaborar con intereses ajenos, compartiendo propaganda en las redes sociales y hablando cosas que no sabemos, ser los que se empoderen de acciones a favor de los países más pobres, armando campañas para ayudar a esos países, y ayudando a esparcir la chispa de la solidaridad y la generosidad, no con fotos y frases bonitas, sino con acciones. Dejemos de difamar y criticar, sin hacer algo al respecto, dejemos de ser "pantallas humanas" y empecemos a ser verdaderos agentes de cambio. Ayudemos a hacer conciencia, de que lo que Haití necesita no es que la República Dominicana cargue con sus ciudadanos, sino que la comunidad internacional se una para ayudar a estos a desarrollarse en su país. Dejemos de hablar y empecemos a actuar.

Les dejo este video sobre la vida de los haitianos en R.D., compartan, y vamos juntos a hacer que la atención del mundo deje de centrarse en República Dominicana y empiece a centrarse en Haití, quienes son los que necesitan verdadera atención y ayuda.






miércoles, 17 de junio de 2015

¿Qué le diré a mis hijos?

Hace días quería escribir estas líneas, pensando en el escenario político que vive nuestro país, República Dominicana, y en el futuro que le espera a nuestra nación.

Hoy día sabemos por la historia cómo lucharon los trinitarios por la independencia dominicana, cómo se llevó a cabo la guerra de la reconquista en la que todos participaron; nuestros padres y abuelos nos cuentan  cómo gente común se unía a luchas populares para acabar con gobernantes corruptos, la gente era rebelde y aguerrida, y no se conformaba con las mentiras que les proporcionaban, formaban resistencia, y arriesgaban su vida por el bien de la nación. Conocemos cómo se dio la gesta heroica del movimiento 14 de junio para derrocar a Trujillo, la lucha clandestina de las hermanas Mirabal, las luchas de jóvenes en la UASD del tiempo de Balaguer, los cuchucientos enfrentamientos que tuvieron que ocurrir, y la gente que tuvo que morir para darnos lo que hoy tenemos: una patria y una democracia. .

Pensando en lo que nos decían de niños y lo que hoy contamos, me pregunto: ¿qué le diré yo a mis hijos y nietos cuando me pregunten sobre mi tiempo? ¿qué tendré para contarles? Les diré, que en mi tiempo se tenían las redes sociales para expresarse libremente, pero las protestas no llegaban lejos; se tenía el Frente Amplio de Lucha Popular, pero su alcance era mínimo; se tenía un Padre Rogelio, pero solo uno; se tenía la posibilidad de hacer campañas mediáticas gigantes, pero el dinero y los intereses eran más poderosos que el deseo del bien común y del cambio; se tenía un ritmo casi autónomo y pegajoso llamado dembow, pero sus exponentes nunca tocaban temas de cambio social y nunca criticaron nada del sistema. La gente vivía entretenida en los sucesos de la vida de los raperos y famosos, desviaban la mirada con cualquier noticia curiosa que opacara un hecho de importancia, y encima de toda esa indiferencia y quietud, teníamos un pueblo que no leía ni conocía su historia, con una memoria muy pero muy mala, que era capaz de condenar a cuatro años de atraso al país a cambio de trescientos pesos o la comida de un día (repetido mil veces en años anteriores).

Hoy escuchaba el discurso del presidente Danilo Medina, mientras decía "hoy más que nunca, podemos transformar nuestro país real, en aquel país de los sueños de nuestros abuelos y nuestros padres, un país en el que vamos a ser cada vez más fuertes y más felices, junto a nuestros hijos y nuestros nietos" refiriéndose a lo que haría si le concedemos cuatro años más, y me pregunto: ¿será que el país que soñaban nuestros antepasados era un país lleno hasta el borde de funcionarios corruptos, en el que no se hace justicia con los ladrones del estado, en el que la delincuencia tiene a sus ciudadanos sufriendo delirios y paranoia,  y en el que la seguridad social no ampara a los más pobres? porque eso es lo que ha permanecido durante sus tres años de gobierno y, ¿será que el país que yo sueño para mis hijos y nietos, es así?

Si ese es el país que soñamos, entonces lo estamos haciendo bien, quedándonos de brazos cruzados, sin unirnos a ninguna organización política o de oposición, sin hacer resistencia alguna, haciéndonos indiferentes frente a la realidad política de nuestro país, y no luchando. Con esa preocupación sobre el futuro que estamos construyendo, ahora más que nunca, me pregunto: cuando me cuestionen sobre cómo era la sociedad de mi tiempo y qué hice yo para mejorarla, ¿qué le diré a mis hijos?